Washington reconoce por primera vez que tiene armas de “control espacial” en órbita, aunque no revela qué sistemas son. Moscú y Beijing cuestionan el despliegue y alertan sobre una mayor militarización del espacio

Estados Unidos confirmó por primera vez que mantiene armas de control espacial en órbita, un reconocimiento que eleva la atención sobre la creciente competencia militar entre Washington, Rusia y China en el espacio.

El secretario de la Fuerza Aérea estadounidense, Troy Meink, afirmó que EE.UU. dispone de sistemas desplegados en el espacio capaces de defender a sus fuerzas frente a acciones hostiles de otros países. El jefe de la Fuerza Espacial, Douglas Schiess, señaló posteriormente que estas capacidades serán ampliadas en los próximos años.

Las autoridades estadounidenses no han revelado qué armas están desplegadas, cuántas existen, cuándo fueron colocadas en órbita ni cuáles son sus características técnicas.

¿Qué significa “control espacial”?

De acuerdo con la Fuerza Espacial de EE.UU., el concepto de control espacial comprende capacidades destinadas a disputar y controlar el dominio espacial mediante medios cinéticos y no cinéticos.

Estos sistemas podrían utilizarse para interrumpir, degradar o, eventualmente, destruir capacidades de un adversario. Entre las posibilidades se encuentran tecnologías capaces de interferir comunicaciones, afectar señales o inutilizar sistemas espaciales sin necesidad de destruir físicamente un satélite.

El experto Bleddyn Bowen, del Royal United Services Institute (RUSI), ha señalado que existe poca información pública sobre estas tecnologías y que algunas podrían corresponder a plataformas de guerra electrónica o interferencia de radio.

Nuevos sistemas espaciales

El anuncio de Meink también incluyó avances en otros programas. Estados Unidos desarrolla interceptores basados en el espacio como parte de su estrategia de defensa antimisiles, vinculada con el proyecto denominado “Cúpula Dorada”.

Estos sistemas son diferentes de las armas de control espacial que Washington reconoce tener actualmente en órbita. La Oficina de Presupuesto del Congreso ha estimado que los componentes espaciales de la Cúpula Dorada podrían representar un costo de hasta US$542.000 millones durante 20 años.

Asimismo, Estados Unidos prepara una constelación de satélites destinada a detectar y seguir objetivos móviles desde el espacio, una capacidad orientada al monitoreo y seguimiento y no necesariamente a la destrucción de otros satélites.

¿Por qué Estados Unidos desarrolla estas capacidades?

Washington presenta el despliegue como una respuesta a las capacidades espaciales de Rusia y China y como parte de sus esfuerzos para proteger sus sistemas de comunicaciones, navegación, vigilancia y defensa.

Estados Unidos ha acusado anteriormente a Rusia de desarrollar capacidades antisatélite, incluida una posible arma nuclear espacial. Sin embargo, hasta ahora no existen pruebas públicas de que ese sistema haya sido desplegado o utilizado.

La competencia espacial se ha intensificado en los últimos años, con las principales potencias desarrollando sistemas capaces de proteger sus propios satélites y, potencialmente, afectar los de sus adversarios.

Rusia y China cuestionan a Washington

La revelación provocó una rápida reacción de Moscú y Beijing.

La portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, acusó a Washington de impulsar “planes agresivos” en el espacio y sostuvo que el despliegue estadounidense evidencia una política orientada a obtener superioridad espacial.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, defendió la continuidad de los esfuerzos internacionales para avanzar hacia la desmilitarización del espacio.

China también expresó su rechazo. El portavoz de la Cancillería, Guo Jiakun, afirmó que Beijing se opone a la militarización del espacio y pidió a Estados Unidos detener la expansión de su despliegue militar orbital.

¿Qué dice el derecho internacional?

El Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe colocar en órbita armas nucleares u otras armas de destrucción masiva. Sin embargo, el tratado no establece una prohibición general de todas las armas convencionales o capacidades militares en el espacio.

Por ello, el reconocimiento estadounidense vuelve a poner en primer plano el debate sobre los límites de la actividad militar en órbita y sobre el riesgo de una mayor competencia entre las principales potencias espaciales.

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