En medio de su mayor crisis desde la caída de la Unión Soviética, Cuba enfrenta señales ambiguas de acercamiento con Estados Unidos. Mientras la Casa Blanca insiste en que existen contactos diplomáticos en curso, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel lo niega, aunque admite estar dispuesto a dialogar bajo ciertas condiciones.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reiteró el 5 de febrero que Washington mantiene un canal abierto con La Habana y subrayó la disposición del presidente Donald Trump a la vía diplomática. No obstante, advirtió que el Gobierno cubano atraviesa una situación límite y debería “ser prudente” en sus declaraciones.
Desde La Habana, Díaz-Canel volvió a rechazar que existan conversaciones formales, pero confirmó la voluntad de diálogo “sin presiones ni precondiciones” y “en igualdad de condiciones”. El mandatario anunció además medidas de contingencia similares al ‘periodo especial’, ante una crisis energética que se agravará en los próximos días.
Un país en situación extrema
Cuba no recibe combustible desde diciembre, tras la caída de su principal aliado energético, Venezuela, que aportaba cerca de 30.000 de los 110.000 barriles diarios que necesita la isla. Expertos advierten que la interrupción del suministro ha dejado al país en una situación crítica, con impactos directos en el transporte, la producción y los servicios básicos.
“La crisis actual es más grave que en los años noventa, porque sin energía no hay forma de mover el país”, señala Arturo López-Levy, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Holy Names. A ello se suma, según el académico, una menor capacidad del Gobierno para generar consenso social frente al deterioro económico.
Analistas como Leduán Ramírez consideran que la apertura al diálogo responde más a una estrategia de supervivencia que a una voluntad real de cambio. “Es una apuesta a ganar tiempo, esperando un debilitamiento de la presión estadounidense”, sostiene.
Entre la presión y el alivio
Trump ha descartado una acción militar y apuesta por un colapso interno del régimen cubano. Sin embargo, en paralelo, su administración ha autorizado un incremento de la ayuda humanitaria, con nuevos envíos destinados a mitigar los efectos del huracán Melissa, canalizados a través de la Iglesia católica.
Además, según Reuters, un tanquero con 150.000 barriles de gasolina habría partido desde Venezuela hacia Cuba bajo supervisión estadounidense, lo que sugiere cierta flexibilización táctica.
México también explora fórmulas para asistir a Cuba sin exponerse a los aranceles punitivos anunciados por Trump contra países que suministren petróleo a la isla. La presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario general de la ONU, António Guterres, han advertido que una interrupción total del suministro podría derivar en una crisis humanitaria.
Pese a las señales contradictorias, el escenario apunta a un delicado equilibrio entre asfixia y respiro, en el que un eventual diálogo podría convertirse tanto en una salida negociada como en una herramienta de presión adicional de Washington sobre una Cuba cada vez más acorralada.
Con información de Reuters, EFE y AP