En su visita a Londres, Donald Trump marcó distancia de Vladímir Putin al admitir sentirse “decepcionado” por la prolongación de la guerra en Ucrania, pese a su relación personal con el líder ruso. Desde Chequers, residencia oficial del primer ministro británico, Keir Starmer, reconoció que esperaba una solución más rápida al conflicto, pero acusó al Kremlin de intensificar los ataques y provocar un alto costo humano.

La postura de Trump, más dura que al inicio de su mandato, coincide con las presiones de Kiev y de aliados europeos para que Washington muestre mayor firmeza frente a Moscú. Starmer, por su parte, advirtió que Rusia ha lanzado el mayor ataque desde el inicio de la invasión y reiteró el compromiso británico de reforzar la defensa europea junto a Estados Unidos.

Otro punto de fricción fue Palestina. Starmer defendió que el Reino Unido reconocerá al Estado palestino si Israel no alivia la crisis en Gaza, mientras que Trump reiteró su rechazo a ese paso, limitándose a exigir la liberación inmediata de los rehenes.

Pese a las tensiones, ambos líderes anunciaron un acuerdo tecnológico histórico: más de 200.000 millones de dólares en inversiones cruzadas entre Reino Unido y EE. UU., con proyectos en inteligencia artificial, computación cuántica y energía nuclear. Según Starmer, se trata del mayor paquete de este tipo en la historia británica y una apuesta para reactivar la economía.

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