Chelm (Polonia) – La alerta de ataque aéreo del 13 de septiembre sacudió a los vecinos de Chelm, ciudad polaca situada a 20 km de Ucrania. El pánico se extendió cuando las sirenas sonaron, en medio de reportes de drones rusos en la región. “Me preocupa que la guerra llegue hasta aquí”, admite Anna, residente local.

La inquietud aumentó tras el derribo, el 10 de septiembre, de 19 drones rusos por parte de Polonia con apoyo de aviones de la OTAN: fue la primera acción directa de un miembro de la alianza desde el inicio de la invasión. Sin embargo, Estados Unidos se mantuvo al margen, y las tibias declaraciones de Donald Trump —“Podría haber sido un error”— reforzaron las dudas sobre su compromiso con la defensa europea.

Mientras tanto, Bielorrusia alberga los ejercicios militares Zapad 2025, maniobras conjuntas con Rusia que evocan los días previos a la invasión de Ucrania en 2022. Analistas advierten que, aunque Moscú carece hoy de capacidad para atacar a la OTAN, estas demostraciones buscan mostrar poder y mantener la presión sobre Europa del Este.

Entre sirenas, mensajes de alerta y el recuerdo de los juegos de guerra soviéticos, la frontera oriental de Polonia vive con una sensación constante de amenaza.

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