La tragedia golpeó una remota zona del Himalaya, cerca de la frontera con China. Expertos atribuyen la devastadora crecida al derrumbe de un enorme glaciar, que convirtió un apacible río en un torrente de gran fuerza.
La devastadora riada registrada el miércoles en una zona montañosa de Nepal, cerca de la frontera con China, deja al menos 955 muertos y 4.471 desaparecidos, según los últimos balances oficiales difundidos este lunes (31.08.2026).
La autoridad nepalí encargada de la gestión de emergencias reportó 939 fallecidos y 3.925 desaparecidos, mientras que los medios estatales chinos informaron de 16 muertos y 546 desaparecidos en la región autónoma del Tíbet.
La suma de ambos balances eleva a 955 el número total de fallecidos, mientras que miles de personas continúan desaparecidas.
“Nuestro país se enfrenta a un desastre natural de una magnitud inimaginable y desgarradora”, declaró el primer ministro de Nepal, Balendra Shah, quien aseguró que el Gobierno trabaja para proteger la vida de los ciudadanos.
Rescatistas enfrentan condiciones extremas
Las labores de búsqueda y rescate se desarrollan en condiciones extremadamente peligrosas, mientras persiste el riesgo de nuevas crecidas y deslizamientos.
Militares, policías y guías nepaleses trabajan entre grandes acumulaciones de barro, excavando y rastreando zonas afectadas en busca de posibles sobrevivientes. La complejidad del terreno y el difícil acceso a las comunidades golpeadas complican las operaciones.
Los equipos nepaleses reciben apoyo de especialistas procedentes de India, China y Corea del Sur, que participan en las labores de emergencia.
En el lado chino, los rescatistas afrontan dificultades similares para acceder a las áreas devastadas del Tíbet. Una de las zonas más afectadas es el puesto fronterizo de Gyirong, cuya infraestructura quedó gravemente dañada por la fuerza de las aguas.
Un desastre asociado al deshielo de un glaciar
Expertos apuntan al derrumbe de un enorme glaciar como uno de los posibles factores que desencadenaron la súbita crecida. El desplazamiento de grandes masas de hielo y agua habría transformado rápidamente el cauce del río en un torrente capaz de arrasar con viviendas, caminos e infraestructura.
La magnitud de la tragedia ha dejado amplias zonas aisladas y dificulta la llegada de ayuda, mientras las autoridades continúan actualizando el número de víctimas y desaparecidos.
Las operaciones de rescate se mantienen mientras los equipos de emergencia intentan acceder a las zonas más afectadas y determinar el alcance total de la catástrofe.