La oposición venezolana no estaría siendo considerada en el diseño institucional que Estados Unidos perfila para un eventual escenario de transición pos-Maduro, basado —por ahora— en una interlocución directa con sectores del chavismo en el poder. Aunque la postura del presidente Donald Trump hacia María Corina Machado ha mostrado matices recientes, el bloque opositor no parece integrar la ecuación inmediata.

Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han dejado claro que el canal actual con Venezuela pasa por el oficialismo encabezado por Delcy Rodríguez. En ese contexto, una oposición golpeada por fragmentación interna, judicialización de liderazgos y persecución tras las elecciones de 2024 ha perdido capacidad de incidencia.

La facción más visible —Machado y el excandidato Edmundo González Urrutia— quedó inicialmente fuera del relato estadounidense e incluso fue desacreditada por Trump, quien cuestionó su respaldo interno. Días después, el mandatario anunció una posible reunión con Machado en la Casa Blanca, lo que podría alterar —o no— esa narrativa.

Rubio expuso el 7 de enero ante el Congreso un plan en tres etapas: estabilización institucional, recuperación económica y transición política. La oposición tendría un rol relevante recién en la fase final, principalmente electoral. El eventual encuentro Trump–Machado será clave para medir cambios.

Para el consultor Raniero Cassoni, la marginación responde a la incapacidad opositora de garantizar estabilidad institucional, aunque ve señales de presión real —como la excarcelación de presos— que apuntan a un reacomodo. Advierte, sin embargo, que esperar pasivamente una integración de EE. UU. sería un error: la oposición debe articularse, ampliar alianzas —incluso con disidentes del chavismo— y empujar fórmulas de transición.

La politóloga Betzabeth Jaramillo coincide en que el proceso exige reconocimiento mutuo y reconstrucción del tejido social. Otros analistas señalan que figuras moderadas con canales abiertos —como Henrique Capriles, Stalin González o Tomás Guanipa— podrían tender puentes en una etapa de reinstitucionalización.

Limitada en medios tradicionales y redes, la oposición ve erosionada su representatividad, aunque expertos recuerdan que González Urrutia logró una votación histórica pese a su bajo perfil. Aun así, persisten cuestionamientos internos y externos sobre liderazgos e ideología.

En suma, la oposición enfrenta el desafío de recomponerse y ganar centralidad en un proceso de transición que Washington parece priorizar por fases, con el oficialismo como interlocutor inicial. El margen para revertir esa relegación dependerá de su unidad, capacidad de propuesta y lectura del nuevo tablero internacional.

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