China cuenta actualmente con unos 36 millones de vehículos eléctricos recorriendo sus carreteras, la mayor flota del mundo. Pero sus baterías, la mayoría de ion litio, tienen una vida útil limitada. Con la primera generación de autos eléctricos acercándose al final de su ciclo, el país se enfrenta a un desafío monumental: cómo gestionar, reciclar y reaprovechar millones de baterías dispersas por todo el territorio. Nuestros corresponsales Jan Camenzind Broomby y Eudeline Boishult nos informan.

En teoría, China dispone de una de las redes de reciclaje de baterías más avanzadas del planeta. Sin embargo, la magnitud del problema supera la capacidad actual. Se estima que más de un millón de toneladas de baterías alcanzarán el final de su vida útil en los próximos dos años, y las infraestructuras existentes no logran absorber este crecimiento explosivo.

Una cadena de reciclaje fragmentada y poco regulada

El Gobierno chino exige que los fabricantes sean responsables del reciclaje, pero en la práctica muchos talleres y pequeñas empresas operan al margen del sistema oficial. Esto provoca que una parte importante de las baterías termine en manos de recicladores informales que no cuentan con la tecnología adecuada, generando riesgos ambientales y de seguridad.

Además, solo alrededor del 30% de las baterías desechadas se reciclan correctamente, según estimaciones independientes. El resto se pierde en circuitos opacos o termina almacenado sin control en depósitos improvisados.

Oportunidad económica… y riesgo ambiental

El reciclaje de baterías es estratégico para China: los metales recuperados —como litio, níquel, cobalto y manganeso— son cruciales para fabricar nuevas baterías y reducir la dependencia de importaciones. Recuperarlos puede ser altamente rentable, pero solo si se hace de forma industrial y controlada.

Sin sistemas eficientes, existe el riesgo de que las baterías abandonadas liberen materiales tóxicos o provoquen incendios, un problema que ya ha ocurrido en varias provincias.

Soluciones en desarrollo

Para enfrentar este desafío, Beijing impulsa nuevos estándares nacionales, subvenciona plantas de reciclaje a gran escala y fomenta la reutilización de baterías parcialmente degradadas en sistemas de almacenamiento de energía para solares y eólicas. Algunas empresas ya transforman antiguas baterías de autos en módulos para edificios y estaciones de carga.

Sin embargo, los expertos advierten que el país aún está lejos de una solución integral. El ritmo al que China adopta vehículos eléctricos supera con creces la velocidad de construcción de infraestructura para gestionar sus desechos.

Mientras la revolución eléctrica avanza, el reciclaje se perfila como la próxima gran batalla ambiental y tecnológica del país.

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducir»