Shibuya, Japón – El aumento del turismo y la presencia de extranjeros en Japón ha reavivado el malestar hacia la inmigración, fenómeno capitalizado por el partido ultraderechista Sanseito, que pasó de 1 a 14 escaños en la Cámara Alta tras las elecciones de julio.

La incomodidad local se refleja en escenas como turistas alterando el silencio de los trenes o el incremento de basura en zonas concurridas. “Muchos no respetan nuestras normas ni nuestra cultura”, señala Tara Tanaka, una joven en Shibuya.

Según la socióloga Kikuko Nagayoshi, los japoneses asocian la inmigración con inseguridad y abuso del sistema social, pese a que un 45 % reconoce su aporte económico. La percepción negativa se refuerza con incidentes aislados difundidos por los medios y por las “cámaras de eco” en redes sociales.

El oficialismo, golpeado por la pérdida de su mayoría parlamentaria, endurece el discurso y plantea medidas como negar visas a deudores del sistema de pensiones, elevar requisitos de inversión y exigir dominio del idioma. Analistas advierten que esto podría complicar la vida de inmigrantes legales y dar espacio a propuestas radicales, como las de Sanseito, que busca restringir la propiedad de extranjeros y reducir su número bajo el lema “Japoneses primero”.

Para el profesor Jeffrey Hall, el ascenso de Sanseito se alimenta del descontento con la crisis demográfica, la corrupción en el Partido Liberal Democrático y la influencia de movimientos como el MAGA en EE. UU. o la AfD en Alemania. Con apenas un 3 % de población extranjera, Japón enfrenta el dilema de reforzar su identidad nacional mientras necesita mano de obra ante su declive poblacional.

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducir»