México prepara un nuevo golpe arancelario contra China tras anunciar una propuesta de ley que contempla tasas de hasta el 50 % a productos provenientes de países con los que no mantiene acuerdos comerciales. La iniciativa, con altas probabilidades de ser aprobada, representa un fuerte impacto para las exportaciones chinas, ya golpeadas este año por las medidas de la administración Trump y por la Unión Europea.
El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum justifica la medida en la necesidad de equilibrar la balanza comercial con China. “México exporta a China unos 15 mil millones de dólares e importa alrededor de 130 mil millones”, explica Carlos Javier Cabrera, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. “El intercambio comercial es extremadamente desigual”, añade.
Sheinbaum también enmarca la decisión en el Plan México, su proyecto económico insignia para fomentar la producción nacional. “La presidenta busca impulsar la industria local estableciendo ciertos aranceles, en este caso particularmente a China”, apunta Cabrera.
Un socio clave difícil de sustituir
El desafío, advierten los expertos, es que desde 2003 China desplazó a la Unión Europea como segundo socio comercial de México. “El problema es que el Gobierno no dimensiona la magnitud de esa integración”, afirma Enrique Dussel Peters, profesor de la UNAM. “En los últimos 25 años, México sustituyó masivamente importaciones de EE. UU. por importaciones chinas. En 2020, el 7,5 % del valor agregado mexicano exportado a EE. UU. era de origen chino. Un coche Made in Mexico lleva llantas, arneses o asientos chinos”.
Sustituir esas piezas no será fácil. “No es trivial cambiar la cadena de producción”, advierte Óscar Ocampo, director del IMCO. “Existen formas menos disruptivas que imponer aranceles de hasta 50 % a las importaciones chinas. El riesgo es frenar procesos productivos en sectores como el automotriz”.
¿Presión de Washington?
La medida llega en un momento clave: en octubre de 2025 está prevista la renegociación del T-MEC, y el anuncio se produjo apenas una semana después de la visita del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a México.
Aunque Sheinbaum rechaza actuar bajo presiones externas —“No está pensado en función de las negociaciones con EE. UU., sino de un proyecto nacional”—, Pekín reaccionó con dureza. El vocero de Exteriores, Lin Jian, calificó la decisión como “coerción de terceros para imponer restricciones a China”.
Para Ocampo, sin embargo, el trasfondo político es evidente: “El mensaje es claro: alinearse con EE. UU. frente a China. También hay un motivo recaudatorio y de política industrial, pero lo principal es mostrarle a Washington que México apuesta por su lado”.
Consecuencias e incógnitas
¿Habrá represalias de China? Cabrera lo duda: “El intercambio es tan desigual que Pekín tiene poco margen para responder con sanciones significativas”. No obstante, Lin Jian advirtió que su país “protegerá con determinación sus intereses según lo dicten las circunstancias”.
Resta ver si el golpe a las importaciones chinas termina fortaleciendo la producción mexicana o si, por el contrario, se convierte en un boomerang que afecte al propio aparato productivo del país.
(Con información de DW)