El despliegue de tres destructores de la Marina estadounidense en el Caribe encendió las alarmas en Caracas ante una posible intervención. Aunque Washington sostiene que la operación busca frenar el narcotráfico, la presencia militar supone un fuerte mensaje estratégico.

Los navíos —USS Sampson, USS Gravely y USS Jason Dunham— pertenecen a la clase Arleigh Burke, eje de la flota de superficie de EE. UU. Todos operan con el sistema de combate Aegis, que integra radares avanzados, capacidad informática y misiles capaces de enfrentar amenazas aéreas, terrestres, marítimas y submarinas de forma simultánea.

En conjunto, movilizan unos 4.000 marines, además de helicópteros MH-60R Seahawk y aviones de reconocimiento P-8 Poseidón. A ello se suma un submarino con capacidad nuclear, según informó Reuters.

Entre su arsenal destacan misiles Tomahawk de largo alcance, misiles antisubmarinos ASROC, defensa antiaérea, ametralladoras de cubierta y sistemas de guerra electrónica. Los destructores han participado en operaciones de la OTAN, en el Pacífico y en misiones antiterroristas en Medio Oriente.

Mientras Nicolás Maduro ordena movilizar tropas para “defender la soberanía”, la brecha tecnológica y operativa frente a la flota estadounidense es evidente.

(Con Reuters)

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