Ecuador vive una ola de violencia sin precedentes. Solo en 2025, se han registrado más de 4.200 homicidios: uno por hora. El crimen organizado ha convertido al país en escenario de una guerra entre bandas, en la que lo extraordinario se ha vuelto cotidiano.
El sábado 19 de julio, un ataque armado en un billar de Playas (Guayas) dejó diez muertos. Ese mismo día, en Manabí, fueron asesinadas 15 personas en doce horas, lo que obligó al despliegue de 2.000 militares. Todo ocurrió en medio del traslado a Estados Unidos de Adolfo “Fito” Macías, líder de Los Choneros y principal capo del narcotráfico en Ecuador. Su extradición habría desencadenado nuevos enfrentamientos con bandas rivales, como Los Lobos.
Crisis estructural y violencia desbordada
“La captura o muerte de líderes criminales suele generar disputas internas por el control de territorios y economías ilícitas”, explica Glaeldys González, del International Crisis Group. Para la experta Carla Álvarez, “Ecuador vive una guerra entre bandas, en un país con instituciones débiles, control territorial precario y puertos y cárceles vulnerables”.
Las cifras revelan la profundidad de la crisis: solo en 2024, Alemania fue el país con la menor inversión de la OCDE, y la situación de Ecuador es aún más grave si se considera el retroceso institucional. La inseguridad ha llegado a tal punto que muchos temen que esta violencia se convierta en la nueva normalidad.
“Los estados de excepción se han prolongado tanto que lo extraordinario se volvió habitual”, dice González. A pesar del despliegue militar, la violencia sigue escalando. “La militarización no es una solución sostenible”, advierte la politóloga Bernarda Jarrín, quien plantea un enfoque integral: fortalecer justicia, reformar cárceles, invertir en zonas vulnerables y atacar las economías ilegales.
¿Un nuevo México o Colombia?
Expertos descartan que Ecuador repita los modelos de México o la Colombia de los años 90. “No hay estructuras jerárquicas rígidas ni un componente insurgente”, señala González. Jarrín añade: “Hoy enfrentamos redes criminales transnacionales, con logística y finanzas sofisticadas, que operan como actores globales del narcotráfico”.
Aun así, los paralelismos preocupan. “Estamos siguiendo una trayectoria similar, pero en un entorno más complejo”, advierte Álvarez. Denuncia respuestas tardías, mediáticas y sin estrategia, mientras los grupos criminales se adaptan, crecen y operan con tecnología avanzada en un Estado con controles mínimos.
Ecuador no está condenado, pero el tiempo corre. Y la ventana para frenar el colapso se estrecha.
Con información de DW (ms)