Durante una reciente visita a Oriente Medio, el expresidente Donald Trump selló multimillonarios acuerdos tecnológicos con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), posicionando a la región como un nuevo polo global de inteligencia artificial (IA). Aunque la iniciativa busca reforzar el liderazgo estadounidense en este campo, algunos analistas advierten que China podría beneficiarse indirectamente.
Trump viajó acompañado de influyentes figuras del sector tecnológico, incluyendo representantes de empresas clave de IA. En Riad, se reunió con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, en una cumbre que concluyó con el anuncio de inversiones por decenas de miles de millones de dólares.
Uno de los acuerdos más destacados fue el alcanzado con Nvidia, que venderá cientos de miles de chips de alto rendimiento a Humain, una nueva empresa saudí respaldada por el Estado.
Arabia Saudita, aliado estratégico para la IA
La visita de Trump se enmarca en una creciente apuesta de Arabia Saudita por convertirse en líder tecnológico regional. Según Karen E. Young, especialista en Medio Oriente del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, Riad es un socio natural para Washington en el desarrollo de IA:
“Arabia Saudita puede construir y operar enormes centros de datos gracias a su capacidad energética basada en gas y energía solar. Además, implementa regulaciones rápidamente y despliega infraestructuras con gran eficacia. Eso les da una ventaja competitiva”.
Los acuerdos buscan reforzar la presencia estadounidense en el mercado global de semiconductores y aprendizaje automático. Para ello, la administración Trump ha revertido restricciones impuestas por Joe Biden en 2024, conocidas como la “Regla de Difusión de la IA”, que limitaban la exportación de chips avanzados a países de Medio Oriente. Compañías como Microsoft y Nvidia habían criticado esas normas por obstaculizar la innovación.
¿Una puerta abierta para China?
Pese al entusiasmo, hay preocupación entre los críticos de Trump —incluidos sectores conservadores— por el riesgo de que estas transferencias tecnológicas terminen beneficiando a China, nación con fuertes vínculos políticos y económicos en la región.
David Sacks, presidente del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología de Trump y autodenominado «zar de la IA» en la Casa Blanca, defendió en la red X la apertura hacia el Golfo:
“Excluir a nuestros aliados estratégicos y ricos en recursos del ecosistema de IA es un error. Todos los países quieren ser parte de esta revolución. Si los integramos, se alinearán con nosotros; si los rechazamos, se acercarán a China”.
Proyectos ambiciosos en el Golfo
Durante la gira también se anunció la construcción del mayor campus de IA fuera de Estados Unidos, además de acuerdos para suministrar chips avanzados «fabricados en EE. UU.».
Los Emiratos Árabes Unidos han apostado por G42, una empresa tecnológica estatal especializada en IA, en la que Microsoft ya ha invertido más de 1.340 millones de euros. Arabia Saudita, por su parte, ha consolidado su apuesta a través del Fondo de Inversión Pública (PIF), propietario de Humain, con casi un billón de dólares en activos.
El país también ha promovido asociaciones entre su petrolera estatal Saudi Aramco y firmas de chips estadounidenses como Cerebras y Groq.
Según Martin Chorzempa, experto en tecnología del Instituto Peterson de Economía Internacional:
“Arabia Saudita y los EAU tienen dos ingredientes clave para liderar la IA global: energía y capital. Solo les falta potencia computacional y talento humano”.
Young agrega que para Arabia Saudita el acceso a tecnología avanzada es una «prioridad nacional», y que el enfoque pragmático de Trump —más transaccional que ideológico— facilita la cooperación.
¿Aliados o competidores?
Pese a los beneficios inmediatos para Estados Unidos, algunos analistas advierten sobre riesgos a mediano plazo. Chorzempa sostiene que, más allá de la transferencia de chips, las empresas del Golfo podrían desarrollar sus propios modelos de IA que compitan directamente con firmas estadounidenses. Además, existe la posibilidad de que China aproveche estas iniciativas enviando técnicos y expertos a la región para aprender y posicionarse.
En un mundo donde la inteligencia artificial define la hegemonía tecnológica, la carrera en Oriente Medio es tanto una oportunidad estratégica como una jugada de alto riesgo.
(Con información de rmr/ers)