La moderación estadounidense en las negociaciones que finalizaron con el alto al fuego entre Israel y Hamás estuvo protagonizada por una coordinación insólita entre dos presidentes: Joe Biden, presidente saliente, y Donald Trump, presidente electo. Sin embargo, ambas figuras reclaman el mérito por el acuerdo.
El ansiado acuerdo de tregua en la Franja de Gaza fue producto de más de 15 meses de negociaciones, en las que el papel de los moderadores internacionales, como Qatar y Egipto, fue fundamental para la elaboración de un plan de paz que pudiera convencer a ambos bandos en conflicto, ampliamente separados por sus intereses y objetivos.
El acuerdo —que debe ser ratificado por el gabinete israelí— estipula la liberación de 33 rehenes secuestrados por Hamás desde el 7 de octubre de 2023 y, a la vez, terminaría con el brutal asedio militar que emprende Israel en el enclave palestino, en el que han sido asesinados más de 46.000 personas. Un hito el que también resalta el rol estadounidense en las conversaciones.
En el punto de inflexión de las negociaciones, el último ciclo de negociaciones en Qatar, un aspecto llamativo salió a relucir: la conjunción entre los equipos diplomáticos de los enviados por la presente Administración Biden, y los que encomendó Trump para su gobierno.
Tras su victoria electoral en las elecciones presidenciales del pasado noviembre, Trump expresó en múltiples ocasiones su fuerte interés porque se cerrara un acuerdo que pudiera liberar a los rehenes israelíes antes de su juramentación el próximo 20 de enero. El republicano llegó incluso a amenazar con «desatar el infierno en Medio Oriente» si no se conseguía.
En ese contexto, ocurrió una extraña coincidencia de intereses. En un punto medio se encontraron las pretensiones de Trump de presionar para un cese el fuego y los intereses de Biden de sellar una deuda antes de partir de la Casa Blanca. El demócrata había empujado fuertemente por desencallar las negociaciones entre el Estado israelí y la milicia palestina para conseguir un armisticio antes de que terminara su periodo presidencial.
Aunque la cooperación entre los dos equipos estadounidenses ha sido resaltada por expertos, y líderes mundiales han agradecido tanto a Biden como a Trump por su mediación, las diferencias políticas entre el demócrata y el republicano han provocado un enfrentamiento mediático por quién se queda con el mérito de uno de los acuerdos diplomáticos más importantes en la última década.
Una inusual, pero efectiva, cooperación
En Qatar, los esfuerzos negociadores de Washington habían sido liderados en el terreno por Brett McGurk, enviado especial de la Casa Blanca para Medio Oriente, quien coordinó la participación estadounidense en la mediación entre Israel y Hamás.
McGurk participó en las negociaciones del primer alto al fuego temporal que detuvo las hostilidades por unas semanas, además de ser pieza fundamental en el desarrollo del borrador que se presentó ante las partes hace meses – y que Israel rechazó—, que luego se convirtió en la base del acuerdo final presentado el 15 de enero.
Sin embargo, en las últimas semanas, Biden habría dado la orden de aceptar la participación de miembros del equipo trumpista en las conversaciones, por lo que Trump dio luz verde a Steve Witkoff, viejo aliado del republicano y su próximo enviado especial a Medio Oriente, para que se sumara al equipo estadounidense en el terreno.
Con Witkoff en la mesa, Estados Unidos presentó un equipo diplomático bipartidista que no dejó posibilidad a la especulación sobre si lo que se negociara en los últimos días del Gobierno Biden iba a ser respetado por la Administración Trump. En el discurso donde oficializó el acuerdo, Biden reconoció que su grupo y el de Trump actuaron «como un solo equipo».
«Este fue el acuerdo de Biden, pero por mucho que odie decirlo, no podría haberlo hecho sin Trump, no tanto por las amenazas performativas de Trump a Hamás, sino por su voluntad de decirle a ‘Bibi’ (Netanyahu) sin rodeos que la guerra tenía que terminar antes del 20 de enero», escribió Tom Malinowski, antiguo congresista demócrata, a través de su cuenta en X.
La cooperación entre el presidente saliente y entrante en Estados Unidos no es la norma, y mucho menos cuando son de diferentes partidos políticos. Un claro ejemplo se dio durante los últimos días de mandato del expresidente, Jimmy Carter, que en 1981 negoció un acuerdo para liberar a 52 rehenes cautivos en Irán sin ayuda de su sucesor, Ronald Reagan.
Aunque Carter consiguió cerrar el acuerdo antes de salir de la Casa Blanca, Irán retrasó los vuelos para repatriar a los estadounidenses liberados hasta el 20 de enero de 1981, día en donde Reagan tomó la jefatura de Estado en Washington.
Para algunos analistas, la combinación entre ambos líderes fue sumamente productiva para conseguir el acuerdo y han resaltado la importancia de la política bipartidista en las decisiones diplomáticas estadounidenses.
«La irónica realidad es que en un momento de partidismo exacerbado incluso en política exterior, el acuerdo representa lo mucho más poderosa e influyente que puede ser la política exterior estadounidense cuando es bipartidista», afirmó Jonathan Panikoff, director de la Iniciativa Scowcroft de Seguridad en Medio Oriente del Consejo Atlántico.
«¿Es una broma?»
Aunque las reacciones en un sector del público estadounidense han sido positivas en torno a la cooperación entre Biden y Trump, ellos no reconocen —al menos públicamente— que el acuerdo del cese al fuego se basó en un esfuerzo conjunto.
Por su parte, el todavía presidente estadounidense afirmó que el trato que se firmó el 15 de enero es «básicamente el mismo» que su Gobierno propuso en mayo del año pasado, y que su diplomacia «nunca cesó en sus esfuerzos por conseguir que esto saliera adelante». Aunque reconoció la cooperación que sostuvo su diplomacia con el equipo del republicano.
Para rematar, al final de la rueda de prensa en donde anunció la consecución del cese al fuego en Gaza, un reportero preguntó a Biden si la tregua era mérito suyo o de Trump, a lo que el demócrata respondió con una sonrisa irónica: «¿Es una broma?».
Por su parte, Trump ha sido mucho más enérgico en colgarse la medalla del acuerdo. A través de sus redes sociales, el presidente electo estadounidense no esperó a la oficialización del principio de acuerdo entre Israel y Hamás para presumir la tregua en Gaza. El presidente electo omitió cualquier referencia al Gobierno de Biden y alegó que el tratado solo pudo «haber ocurrido como resultado» de su elección presidencial.
«Este ÉPICO acuerdo de alto el fuego solo podría haber ocurrido como resultado de nuestra victoria histórica en noviembre, ya que señaló a todo el mundo que mi Administración buscaría la paz y negociaría acuerdos para garantizar la seguridad de todos los estadounidenses, y de nuestros aliados», escribió Trump en su perfil de TruthSocial.
Además, desde Israel, Trump también fue visto como el actor principal en la parte estadounidense durante las negociaciones.
Tras la divulgación del acuerdo, la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reveló que el mandatario habló con Trump telefónicamente para agradecerle «su ayuda para avanzar en la liberación de los rehenes y por ayudar a Israel a poner fin al sufrimiento de docenas de rehenes y sus familias», según un comunicado publicado en redes sociales.
Al final del mismo comunicado, la oficina de Netanyahu añadió que el premier habló después con Biden para «agradecerle también por su asistencia».
Con AP, Reuters