París (AFP).– La inminente firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur reaviva la polémica sobre el uso de pesticidas prohibidos a los agricultores europeos, pero exportados masivamente a América Latina por empresas del propio bloque.
Brasil, principal socio agrícola del Mercosur y responsable de cerca del 80% de los intercambios con la UE, autoriza actualmente 330 sustancias activas, de las cuales el 60% no están aprobadas en Europa, según datos de la agencia sanitaria brasileña (Anvisa) y la Comisión Europea. En contraste, el 73% de las sustancias autorizadas en la UE no cuenta con aval formal en Brasil.
Aunque los productos importados deben cumplir las normas europeas, agricultores y críticos del acuerdo denuncian controles insuficientes y tolerancia a residuos de plaguicidas prohibidos, lo que genera competencia desleal. Ante ello, la Comisión Europea anunció que vetará las importaciones con rastros de tres fungicidas: carbendazim, benomilo y tiofanato-metilo, este último aún permitido en Brasil pese a estar prohibido en la UE desde 2021.
Francia ha ido más allá y suspendió importaciones con residuos de mancozeb y glufosinato, sustancias consideradas peligrosas para la salud y el medio ambiente. Pese a ello, ambos figuran entre los pesticidas más vendidos en Brasil.
Exportaciones pese a la prohibición
Aun estando vetados en Europa, varios pesticidas siguen siendo producidos por empresas europeas y exportados al Mercosur. En 2024, grupos como BASF, Bayer, Syngenta y Corteva notificaron la exportación de unas 18.000 toneladas de fitosanitarios prohibidos en la UE, según datos de la Agencia Europea de Sustancias Químicas (Echa).
Entre ellos destaca la picoxistrobina, fungicida prohibido en Europa desde 2017 por riesgos genéticos y ambientales, pero aún utilizado en cultivos como la soja, de la que Brasil es el mayor exportador mundial.
Organizaciones como Foodwatch y Greenpeace califican este comercio de “cínico y amoral”, y denuncian una política de doble rasero: prohibir sustancias en Europa mientras se permiten su fabricación y exportación a terceros países.