Las protestas por el deterioro del poder adquisitivo en Irán entraron esta semana en una fase crítica, con al menos siete muertos y decenas de detenidos, en medio de una advertencia directa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que elevó la tensión con Teherán.

En un mensaje publicado en su red Truth Social, Trump afirmó que Washington podría “actuar” si las fuerzas de seguridad iraníes reprimen violentamente a los manifestantes. Sus declaraciones, difundidas tras varios días de disturbios, reavivaron el temor a una escalada regional, en un contexto ya marcado por tensiones geopolíticas y recientes ataques a instalaciones nucleares iraníes.

Las autoridades iraníes rechazaron cualquier injerencia externa. Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y asesor del líder supremo, advirtió que una intervención estadounidense “desestabilizaría toda la región” y pondría en riesgo los intereses de Washington. Funcionarios locales, en tanto, anunciaron que las protestas ilegales serán reprimidas “sin indulgencia”.

Las manifestaciones, detonadas por la inflación superior al 36% y la fuerte devaluación del rial, se extendieron por varias provincias, especialmente en el oeste del país. Se trata del mayor estallido social desde 2022, cuando la muerte de Mahsa Jina Amini bajo custodia policial desató protestas a nivel nacional.

El presidente electo Masoud Pezeshkian reconoció fallas de gestión y prometió diálogo, aunque su margen de maniobra es limitado en una economía asfixiada por sanciones internacionales y una profunda crisis del costo de vida.

Con información de AP, Reuters y EFE.

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